En enero de 1968, Ingvar Kamprad recibió una llamada telefónica de Eric Andersson, un constructor y afinador de pianos de Malmö. A Eric se le ocurrió que IKEA tenía que empezar a importar y vender pianos, que eran cada vez más populares en los hogares suecos de la época. Ingvar adoptó prudencia al mostrarse interesado y le pidió a Eric que desarrollara sus ideas por escrito.
En una carta fechada el 16 de enero de 1968, Eric, un forofo de los pianos, escribe que «los compradores de pianos de hoy en día dan más importancia a los valores estéticos del instrumento (aspecto, forma y tamaño) que al tono y a la forma en que se toca». Según la dilatada experiencia de Eric, alrededor del 70 % de todos los compradores primerizos querían un piano que «quedara bien con su estilo de decoración».